BASTA DE CORRER DETRÁS DE LA ZANAHORIA
Llega un momento en la vida en que una se cansa de correr. De ir como el conejo de Alicia, apurada, con el reloj en la mano, persiguiendo algo que siempre parece estar un poco más allá. Amor, reconocimiento, estabilidad, seguridad. No sé si te has dado cuenta pero durante años, se busca todo eso afuera: en los padres, en las parejas, en el trabajo, en los demás. Pero nunca termina de llegar. O si llega, no llena. Y entonces, un día, una se detiene. Y se da cuenta: lo que falta no está afuera, sino dentro. Entonces surge el deseo más simple y más revolucionario: bajar el ritmo. Respirar. Habitar el presente. Dejar de cumplir con roles ajenos. Dejar de demostrar. Empezar a vivir según lo que el alma pide, no según lo que el entorno exige. Pero cuando una empieza a bajar el ritmo, el mundo se alarma. La gente asume que puedes con todo, que siempre estarás disponible. Especialmente si no tienes hijos, o si vives sola, o si tu horario laboral no encaja en el molde tradi...
