El día que se rompe el espejo
Cuando el amor deja de ser un negocio del ego Llega un momento en la vida —llámalo madurez, llámalo el resultado de los golpes del camino— en el que algo hace clic en nuestro interior. Es un instante sobrio, a veces teñido de una profunda desilusión, pero sumamente liberador. Es el día en que nos damos cuenta de que gran parte de lo que a lo largo de nuestra vida hemos llamado "amor", en realidad, solo era un ego interesado. Vivimos bajo una falsa premisa romántica y social que nos enseña a amar de manera condicional: "Si me das, te doy; si me cuidas, te quiero; si me haces caso, aquí estoy". Nos convertimos en comerciantes emocionales. No es que no haya existido afecto en nuestras relaciones pasadas, claro que lo hubo, pero era un afecto sujeto a contrato. Una transacción invisible donde el ego buscaba seguridad, validación o compañía a cambio de su entrega. Lo fácil y lo difícil del arte de amar Es sumamente fácil amar lo que nos resulta cómodo, lo conocido, lo qu...
