CUANDO DIOS NOS QUITA NO ES CASTIGO ES REDIRECCIÓN
Dios nos llama de vuelta… a su manera Hay momentos en la vida en los que, sin previo aviso, algo que amábamos profundamente desaparece. Una relación se rompe, una oportunidad se esfuma, un plan se desmorona. Y mientras el dolor nos inunda, podemos llegar a preguntarnos: ¿Por qué, Dios? Pero, ¿y si eso que perdimos no era castigo, sino redirección? ¿Y si lo que Dios quitó era precisamente lo que nos estaba desenfocando de nuestro propósito? Cuando nos desviamos del camino, Dios no siempre usa una voz audible para advertirnos. Muchas veces, habla a través de lo que nos duele. ¿Por qué? Porque sabe que a veces lo único que puede detenernos es sacudir lo que más nos está atando. Es en ese momento —cuando lo que usábamos como escape desaparece— cuando quedamos frente a nosotros mismos, frente a nuestra realidad espiritual, y, sobre todo, frente a Él. Entonces, entendemos que estábamos sosteniéndonos de lo incorrecto, y que nuestra seguridad no estaba en Dios, sino en una persona...