EL ARTE DE NO ENCAJAR - EL ESTRÉS NAVIDEÑO
Solo quedan unos días para que acaben las fiestas y con ello la realidad hará presencia para todos aquellos que se dejaron llevar por las calles llenas de luces, los anuncios que nos persiguen desde cada pantalla, y las invitaciones a cenas, reuniones y celebraciones que han llenado los calendarios. Todo alrededor parece decir: DICIEMBRE “¡ Es el mes más mágico del año! ¡Debes estar feliz, celebrar, regalar, compartir!”
Pero si somos sinceros con nosotros mismos, sabemos que no siempre es así.
Hay un peso invisible, una tensión que empuja a cumplir con expectativas que quizás no has elegido. La alegría que se espera no siempre coincide con la que sientes. Y esa discrepancia genera estrés, agotamiento, incluso culpa. Porque en diciembre, como en ningún otro momento, se pone a prueba tu capacidad de decir “sí” o “no” desde la autenticidad.
La Navidad y el Año Nuevo no son solo fechas en un calendario. Son un fenómeno cultural, social y psicológico. Y si no lo vemos con claridad, nos convierten en actores de un guion que no todos pedimos interpretar. Nos empujan a la sobreestimulación: luces, música, compras, reuniones. Nos enseñan que la felicidad está ligada a los regalos que damos o recibimos, a la cantidad de fiestas a las que asistimos, a las imágenes que compartimos en redes. Todo está diseñado para generar dopamina rápida y mantenernos ocupados, conectados y, sobre todo, controlables.
No es casualidad que diciembre sea un mes de estrés elevado, ansiedad y sobrecarga emocional. Nuestra mente está preparada para detectar amenazas, y aunque no haya un peligro real acechando, la presión de “cumplir” con cada expectativa se siente igual de real.
Cada regalo que no podemos comprar, cada cena a la que no queremos ir, cada sonrisa forzada se transforma en una pequeña alerta dentro de nuestro cerebro. Y así, sin darnos cuenta, la diversión y la celebración se mezclan con tensión, cansancio y culpa.
Pero hay otro nivel aún más profundo: la presión social. Desde pequeños grupos, familias, amistades, redes sociales, todo nos recuerda que debemos pertenecer, que debemos actuar como los demás esperan.
Así que cuando decides no participar, no comprar el regalo perfecto, no asistir a la cena obligatoria, eres el que no encaja en lo que la sociedad espera de tí.
Despertar en esta obra de teatro no es fácil, ya que actuamos no según nuestros valores, sino según lo que creemos que otros esperan de nosotros y la Navidad es uno de esos momentos en el calendario que amplifica esto, pero es un patrón que dura todo el año sino te atreves a despertar y ser auténtico. Compramos casas, elegimos carreras, seguimos relaciones, adoptamos hábitos, no porque nos nutran, sino porque sentimos que “así es como se hace”.
Pero hay esperanza. Podemos romper este patrón. Podemos elegir conscientemente cómo vivir estas fechas, y esa elección no solo nos libera a nosotros, sino que inspira a los demás a hacer lo mismo, les damos libertad de hacer y estar donde su alma necesita. Aquí es donde entra el coraje. El coraje no es no tener miedo, sino actuar según tus valores a pesar del miedo. Significa priorizar tu bienestar, poner límites claros y comunicar lo que necesitas, incluso si alguien se decepciona.
Porque la gente que te quiere de verdad respetará tus límites; la que solo te acepta cuando eres complaciente, no te quiere a ti, quiere a una versión de ti que se está agotando lentamente.
Es fundamental distinguir entre acción desde el deseo genuino y acción desde el miedo o la obligación. Cuando hacemos algo porque realmente lo queremos, nos energiza; cuando lo hacemos por culpa o presión, nos drena. Reconocer esta diferencia es clave para vivir con autenticidad y disfrutar de las fiestas sin sacrificar nuestra salud emocional.
Finalmente, no olvidemos los propósitos de Año Nuevo. No son mágicos ni transforman vidas de la noche a la mañana. Cambiar tu vida no es un sprint de motivación efímera: es una maratón de disciplina consciente, de pequeños pasos sostenibles, de decisiones consistentes que reflejen quién eres realmente. No esperes que la fecha lo haga por ti; la transformación comienza en tu interior, no en un calendario.
Celebra de una manera que te nutra, no que te agote. Cuida tu energía, establece límites, elige la autenticidad sobre la obligación. Porque cuando vivimos conscientemente, inspiramos a otros a hacer lo mismo. Y eso, más que luces, regalos o rituales, es la verdadera magia de la Navidad y del Año Nuevo: libertad, autenticidad y conexión genuina, y esto es valido para cualquier situación en tu vida.
En mi caso en particular es un momento de recogimiento, de reflexión, de introspección y acercamiento a Dios, ya no me dejó llevar por la vorágine y sobre todo evitar sorpresas en enero con las tarjetas bancarias.
No es tiempo para seguir haciendo las cosas de la misma manera, en este 2026 se nos pide autenticidad y ruptura de todo lo ilusorio y superficial, y aquí comienza una gran división.
MIS LIBROS
✨LA sabiduría del tarot y la biblia, un camino hacia la luz
✨Los tesoros perdidos de la humanidad
✨La Luz que lo inunda todo, el retorno al ser
✨Con cariño
ladiosaquetehabita ✨
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