EL SERVICIO Y EL SERVILISMO

El servicio y el servilismo son dos conceptos que, aunque parecen cercanos, en realidad son completamente diferentes. Sin embargo, en la sociedad actual, muchas personas los confunden, lo que lleva a dinámicas poco saludables en el trabajo, en las relaciones personales y hasta en la manera en que nos percibimos a nosotros mismos.

El servicio se entiende como un acto de voluntad y generosidad esto es,  el servicio es una acción noble. Implica dar lo mejor de uno mismo, ya sea en un trabajo, en una amistad o en la familia, con la intención de aportar valor. Servir no es rebajarse, sino un acto de grandeza. Quien sirve desde el corazón lo hace con orgullo, con la satisfacción de saber que su labor marca una diferencia. Servir implica elegir ayudar, contribuir, sumar.

En el ámbito profesional, por ejemplo, el servicio se traduce en una actitud de excelencia, hacer el trabajo con dedicación, atender bien a los clientes, ser colaborativo con los compañeros. En las relaciones personales, el servicio significa estar presente, apoyar sin esperar nada a cambio y ofrecer lo mejor de uno mismo sin perder la propia esencia.

En cambio, el servilismo es  la entrega que degrada, es una distorsión del servicio. Es cuando alguien se anula a sí mismo para satisfacer a otros, no por verdadera vocación, sino por miedo, necesidad de aprobación o falta de autoestima. La persona servil no elige, sino que se somete. No sirve con dignidad, sino que se doblega, dejando de lado su propia voz y sus propios límites.

Un ejemplo claro se da en el ámbito laboral: cuando alguien acepta condiciones injustas, aguanta malos tratos o se esfuerza más allá de lo razonable solo para ser aceptado o para evitar conflictos. En las relaciones personales, el servilismo se ve cuando una persona deja de lado sus propios deseos y necesidades por miedo al rechazo o a la soledad.

El equilibrio entre servir y respetarse, ya que la diferencia clave entre el servicio y el servilismo está en la voluntad y el respeto propio. Servir es un acto de libertad; el servilismo es una forma de sometimiento. Servir dignifica - ser servil anula.

En un mundo donde cada vez se exige más, es importante aprender a dar sin perderse en el proceso. Servir con el corazón, pero sin olvidar que uno también merece respeto, descanso y reconocimiento. Porque ayudar a otros es valioso, pero nunca a costa de nuestra propia dignidad.

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