Arte y raíces para sostenernos en tiempos difíciles
Hay momentos en la vida en los que todo se vuelve difuso. La ansiedad acelera el pensamiento, la tristeza lo vuelve pesado, y uno puede sentirse desconectado, sin suelo firme bajo los pies. En esos periodos, el arte no aparece como un lujo ni como una búsqueda estética, sino como una necesidad profundamente humana: la necesidad de dar forma a lo que duele.
El árbol es una de las imágenes más universales cuando atravesamos procesos internos. No es casualidad. Representa fuerza y fragilidad al mismo tiempo. Tiene raíces invisibles, un tronco que sostiene y ramas que se abren hacia la luz. Es estructura y expansión. Es estabilidad y movimiento.
El árbol nos recuerda algo esencial: nadie crece solo. Las raíces representan la historia, el sistema familiar, los vínculos que nos preceden. El tronco simboliza la propia identidad, el lugar que ocupamos en la cadena de la vida. Las ramas hablan de nuestras relaciones, proyectos y posibilidades.
Cuando atravesamos desafíos u obstáculos en la vida , a menudo lo que se resiente es el sentido de pertenencia y de dirección. Se pierde el eje. En ese contexto, pintar un árbol puede convertirse en un acto profundamente reparador. No porque el dibujo resuelva el conflicto, sino porque activa algo interno: la memoria de que existe una base que nos sostiene, incluso cuando no se percibe con claridad.
La arteterapia funciona precisamente así. No exige talento ni resultados perfectos. Invita a poner el cuerpo, a elegir un color, a mover la mano, a detenerse. En ese gesto sencillo se produce algo importante: nos devuelve al aquí y ahora, el sistema nervioso se regula, la mente se enfoca y la emoción encuentra un canal seguro de expresión. Lo que antes era confuso empieza a tomar contorno. Cada pincelada es una decisión en tiempo real. Cada trazo afirma: “estoy aquí”.
La sanación rara vez es espectacular. Se parece más al crecimiento silencioso de un árbol. No se percibe día a día, pero ocurre. Se fortalece el tronco, se adaptan las ramas, las raíces se expanden buscando nuevos nutrientes. Hay sombra y hay luz, y ambas forman parte del mismo proceso.
En tiempos difíciles, conectar con la imagen del árbol puede ser un recordatorio poderoso: aunque el entorno parezca incierto, siempre existe la posibilidad de volver a las raíces, recuperar el eje y permitir que la vida siga creciendo desde dentro.
Y a veces, sostenerse es el primer paso hacia florecer.
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