Este blog es un espacio de Evolución Consciente, creado para acompañarte en tu camino de crecimiento personal, desarrollo espiritual y despertar de la conciencia. Aquí encontrarás reflexiones, herramientas y mensajes que invitan a mirar hacia dentro, sanar, expandir tu percepción y conectar con tu verdadera esencia.
A través del tarot consciente, la espiritualidad práctica y el autoconocimiento, exploramos procesos de transformación interior, ciclos de cambio y aprendizajes del alma.
La historia de Elías se encuentra en el Antiguo Testamento, específicamente en el Segundo Libro de los Reyes, capítulo 2. Elías fue uno de los grandes profetas de Israel. No murió de manera natural como otros personajes bíblicos, sino que fue llevado al cielo de una forma espectacular:
“Y aconteció que mientras ellos [Elías y su discípulo Eliseo] iban caminando y hablando, un carro de fuego con caballos de fuego los separó a los dos, y Elías subió al cielo en un torbellino.”
— 2 Reyes 2:11
Este episodio ha sido interpretado como un acto de glorificación, ya que Elías no muere, sino que es llevado directamente al cielo por Dios. Es uno de los pocos personajes en la Biblia que no experimentan la muerte física (el otro famoso es Enoc).
La carta del Carro (el número VII de los Arcanos Mayores) representa el triunfo, la voluntad, el avance con determinación y el control de fuerzas opuestas. Visualmente, suele mostrar a un joven en una especie de carro tirado por dos esfinges, caballos o criaturas enfrentadas, una blanca y otra negra, simbolizando el dominio de la dualidad.
Relación simbólica entre Elías y el Carro del Tarot
Ascenso y victoria espiritual:
Elías siendo llevado al cielo en un carro de fuego representa una elevación espiritual, que en el Tarot puede compararse al viaje del alma que ha dominado las fuerzas terrenales (como el personaje del Carro).
Control de fuerzas superiores:
El Carro del Tarot implica tener el control y la dirección entre dos fuerzas opuestas. Elías, como profeta, también representa a alguien que ha logrado dominar y trascender los conflictos espirituales y humanos, guiado por la voluntad divina.
Movimiento y transformación:
Ambos simbolizan un paso a otro estado. En Elías, el paso de lo terrenal a lo celestial; en el Tarot, de la lucha interior a una conquista espiritual o personal.
En la tradición cabalística, el concepto de "carro" se remonta a un misticismo muy antiguo llamado Merkavá (מרכבה), que en hebreo significa “carro” o “carroza”.
La Merkavá es la visión que tuvo el profeta Ezequiel, donde ve una estructura mística de tronos, ruedas y seres alados.
Este carro no es un vehículo literal, sino una estructura simbólica del universo y del acercamiento al trono divino.
En Ezequiel 1, se describen “ruedas dentro de ruedas” y seres vivientes con alas (los Jaiot HaKodesh), que forman parte del carro que transporta la Presencia Divina (Shejiná).
En la Kabbalah temprana, "hacer Merkavá" era meditar profundamente para ascender por los mundos espirituales hacia lo divino, como si uno mismo se convirtiera en el carro. Elías, que sube al cielo en un carro de fuego, se vuelve un símbolo arquetípico del iniciado perfecto que ha completado este ascenso.
En el Árbol de la Vida, el Carro podría vincularse con la sefirá Tiféret (Belleza), que actúa como el trono del alma, el equilibrio entre la misericordia y el juicio.
O también con el camino entre Biná y Guevurá a Tiféret, donde se integran los arquetipos del entendimiento, la disciplina y la armonía espiritual.
El Carro representa el cuerpo/sistema que transporta el alma hacia la unión con lo divino, y también la visión de una estructura cósmica con leyes espirituales que pueden ser comprendidas y atravesadas por quien ha purificado su interior.
Si nos vamos a la psicología junguiana, Carl Gustav Jung estudió el simbolismo en mitos, alquimia, religión y Tarot. En este marco, la carta del Carro (y figuras como Elías) tienen una fuerte carga arquetípica.
El Carro representa la etapa en el viaje del héroe donde el yo consciente ha conquistado cierta madurez e individuación, y puede dirigir su propio destino.
Las dos esfinges o caballos que tiran del carro representan las fuerzas inconscientes (instintos, deseos, miedos) que deben ser integradas y dirigidas.
El Carro se enfrenta a la tensión entre opuestos: luz/oscuridad, razón/pasión, masculino/femenino, lo que remite al proceso junguiano de individuación, en el cual el sujeto debe integrar su Sombra y aspectos inconscientes.
Para Jung, el Viejo Sabio es una figura del inconsciente que guía al ego hacia el conocimiento profundo y la transformación. Elías, que asciende al cielo, representa el alma iluminada, la figura que ha cruzado el umbral entre el ego y el Self (el centro arquetípico del psiquismo).
En algunos sueños arquetípicos, Jung observó que coches, trenes o carros son imágenes del movimiento del alma, o del viaje psíquico del sujeto hacia lo espiritual.
El Carro como vehículo espiritual hacia Dios (Merkavá) movimiento psíquico hacia el Self
Elías Profeta que alcanza la unidad divina sin morir Arquetipo del Sabio, guía hacia la individuación
Fuego Presencia divina purificadora Transformación interior, energía de la conciencia
Dualidad (fuerzas del carro) Caballos de fuego: juicio y misericordia Esfinges: polaridades inconscientes
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