A mi tutora Candy, gracias
Ayer supe que mi tutora de aquellos años de EGB nos dejó, tras más de ochenta años de vida. Y aunque el tiempo ha pasado, hay recuerdos que siguen intactos, como si aún resonaran en algún rincón de la memoria.
No fui una alumna fácil. Me costaba muchísimo seguir el ritmo, entender, encajar en un sistema que parecía hecho para otros, no para mí. Hoy, con la perspectiva que dan los años, lo veo con más claridad: no todos venimos a ser lo mismo, ni todos aprendemos de la misma manera. Pero en aquel entonces, ni ella ni yo teníamos esas respuestas.
Recuerdo a mi madre yendo a reuniones constantemente. Recuerdo también los momentos de tensión, sus enfados, sus gritos llamándome por mi nombre cuando la sacaba de quicio. Y, sin embargo, hoy no es eso lo que permanece. Lo que de verdad queda es algo mucho más profundo.
Porque, aunque las notas no reflejaran grandes logros, hubo una enseñanza silenciosa que sí caló. La disciplina, el esfuerzo, el sentido de responsabilidad… valores que no siempre se miden en exámenes, pero que terminan sosteniéndonos en la vida. Parte de lo que soy hoy también se lo debo a ella.
La educación no siempre está en los sobresalientes ni en los aprobados. Está en esa sabiduría que se va formando poco a poco, en lo que aprendemos sin darnos cuenta, en lo que nos ayuda a levantarnos cuando la vida se pone difícil. Y de eso, ella sabía mucho, aunque quizás en aquel momento ninguna de las dos lo supiera.
También recuerdo que fui una niña enfermiza. O tal vez, en ocasiones, el cuerpo encontraba su forma de escapar de aquello que no sabía cómo gestionar. Hoy lo entiendo con más compasión hacia mí misma… y también hacia ella.
Ahora que ha partido, me gusta pensar que lo ha hecho en paz. Después de una vida larga, vivida hasta el final, siento que no es una despedida amarga, sino una transición. Como si, de alguna manera, hubiera pasado a una vida mejor. A un descanso merecido. A otro lugar donde todo cobra sentido.
Por eso, más que tristeza, siento agradecimiento.
Gracias por la paciencia, incluso en los momentos en que faltó.
Gracias por la exigencia, incluso cuando dolía.
Gracias por formar parte de mi camino, aunque entonces no lo entendiera.
Porque al final, más allá de las dificultades, hay huellas que permanecen. Y la suya, sin duda, forma parte de quien soy hoy.
No te deseo un feliz descanso, porque sé que a donde vamos la vida continúa, así como nuestro aprendizaje, los del otro lado ganan a una gran maestra. Volveremos a encontrarnos.
✨La Luz que lo inunda todo, el retorno al ser


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