Soy mamá de mis proyectos

No tengo hijos. No tengo pareja. No por falta de amor, sino porque he elegido un camino diferente. O quizá, porque la vida me ha llevado a mirar hacia otros lugares, otros seres, otras formas de dar, de cuidar, de sostener.



Y sí, a veces duele. No por no tener lo que se espera que tenga, sino por esa sensación de no tener un lugar claro en una sociedad que sigue midiendo la valía de muchas mujeres por los vínculos que han creado como pareja o como madre. Como si, al no haber dedicado mi vida a un solo hijo o a un compañero de viaje, ya no tuviera nada que aportar.

Pero no es así.

He sido mamá muchas veces. No de hijos nacidos de mi vientre, pero sí de hijos nacidos de otros vientres y proyectos nacidos de mi alma. He acompañado procesos de sanación como terapeuta, muchas veces sin cobrar, porque mi vocación es servir, es estar cuando alguien necesita luz en medio del túnel. He estudiado, me he formado, hay dos libros publicados y espero sean muchos más, he creado contenido, he compartido herramientas que a mí me sirvieron, con la esperanza de que tal vez a alguien más también le sirvan.


Soy refugio para un perrito que necesitaba un hogar. Y aunque no lo parí, lo cuido con amor, como se cuida a un hijo, con la diferencia de que él no tiene palabras para pedirme lo que necesita. Estoy atenta a sus silencios, a sus ojos. También soy mamá de él.


Y como muchos de los que caminamos solos, cargo con todo. Con las citas del médico, con el arreglo del coche, con la casa, con los recibos, con el trabajo, con las decisiones grandes y pequeñas, enferma o no. No hay nadie a quien pasarle el testigo cuando me canso. Pero sigo. Porque sé que todo lo que construyo tiene sentido.


También echo en falta cosas, claro. Compartir la alegría de un logro con alguien que me abrace. Repartir el peso de los días duros. Sentirme acompañada en la rutina. Pero prefiero estar sola que mal acompañada. No ha llegado esa persona con quien la vida fluya, y no pienso detener mi camino por esperar a alguien que quizás nunca llegue. Mi energía no está destinada a sobrevivir en una relación que no suma.


Mi maternidad es otra. Es expansiva, creativa, espiritual. No se mide en pañales ni en notas escolares, sino en almas tocadas, en palabras que ayudan, en actos que siembran esperanza. Soy mamá de mis ideas, de mis sueños, de mis luchas, de mis logros. De cada persona a la que he sostenido sin que nadie lo supiera. De cada espacio que lleno con presencia, con entrega, con consciencia.

Y a quienes también van por la vida sin pareja o sin hijos, les digo: ustedes también son valiosos. No están incompletos. El amor se manifiesta de muchas formas. A veces no se llama “familia”, pero sí se llama “sentido”, “propósito”, “legado”.

Sigo caminando. A veces cansada, otras ilusionada. Pero siempre convencida de que este también es un camino válido. Un camino lleno de luz. Y yo, desde aquí, también puedo ser un faro.


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