HOMBRES QUE VAN Y VIENEN
Existen relaciones que no llegan a serlo del todo, pero tampoco se sueltan. Son esos vínculos en los que una de las partes nunca se compromete, pero tampoco se retira del todo. Van y vienen, aparecen sin previo aviso y desaparecen con la misma facilidad. No ofrecen estabilidad, pero sí confusión. No construyen nada, pero tampoco permiten que la otra persona lo haga con alguien más.
Este tipo de dinámicas emocionales pueden extenderse por años, incluso décadas. La persona que espera se encuentra atrapada en una montaña rusa de emociones: ilusión, desilusión, esperanza, tristeza. Cada vez que el otro regresa, parece abrirse una puerta a la posibilidad. Pero esa puerta nunca conduce a ningún lugar. Solo da vueltas al mismo ciclo, una y otra vez.
La trampa más peligrosa es que, desde fuera, puede parecer que quien pone fin a esa relación es quien la está rompiendo. Pero, en realidad, muchas veces ha sido la otra persona la que jamás se quedó, la que nunca estuvo realmente presente. No basta con estar cuando se quiere, ni con aparecer cada cierto tiempo. Una relación, incluso una amistad, requiere presencia, intención y compromiso.
Cerrar este tipo de ciclo no es fácil. Muchas veces hay amor de por medio, recuerdos, costumbre, o simplemente una parte de nosotros que quiere creer que “esta vez será diferente”. Pero llega un momento —y ese momento es profundamente liberador— en el que el corazón se cansa. No de amar, sino de esperar. No de dar, sino de no recibir nada a cambio.
Cerrar el ciclo no es un acto de venganza ni de desprecio. Es un acto de amor propio. Es decir: “Ya está. Ya no más.” Es reconocer que mientras sigamos dejando esa puerta entornada, no estamos dejando que entre nadie nuevo. Que no podremos construir algo sano si seguimos aferrados a lo que solo nos desgasta.
Hay un dicho que resume bien esta experiencia: ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio. Pero no tiene por qué ser así. Siempre hay remedio, y comienza por tomar una decisión valiente: elegir lo que merecemos.
Cerrar un ciclo con alguien que va y viene no significa que nunca hubo amor. Significa que por fin lo estamos redirigiendo: hacia nosotras mismas, hacia nuestra paz, y hacia la posibilidad de una vida compartida con alguien que sí quiera quedarse. Alguien que no tenga miedo de comprometerse, de conocernos, de caminar a nuestro lado.
Porque todo ser humano merece eso: un compañero o compañera de vida, no una presencia intermitente que nunca se define. Y mientras se siga abriendo la puerta a lo incierto, no se abrirá a lo verdadero.
Cuando alguien dice “me da pena que te despidas” pero no cambia su actitud, lo que realmente está diciendo es: “me incomoda perderte, pero no estoy dispuesto a hacer nada para merecerte.”
Es una forma muy sutil —y común— de mantener el control emocional sin asumir ningún compromiso real.
A veces lo más doloroso no es la despedida, sino comprobar que la otra persona nunca estuvo dispuesta a quedarse realmente. Pero ahí es donde nace tu libertad.
PUEDES APOYAR ESTE CONTENIDO HACIENDO UN DONATIVO EN
📕MIS LIBROS
✨LA sabiduría del tarot y la biblia, un camino hacia la luz
✨Los tesoros perdidos de la humanidad
✨La Luz que lo inunda todo, el retorno al ser
✨ Poemas al Alba
✨Con cariño
ladiosaquetehabita ✨

Comentarios
Publicar un comentario
Sé amable y respetuoso en los comentario. Los aportes constructivos son bienvenidos.