EL COMPROMISO NO ESTA DE MODA


Cuando el miedo al compromiso se viste de encanto: una reflexión sobre el smor tardío y la sutoestima
Hay hombres que, a sus cincuenta años, aún no saben qué tipo de mujer quieren a su lado para envejecer. En un mundo que gira cada vez más rápido, donde la inmediatez se ha vuelto norma y el apego se vuelve líquido, algunas personas —sobre todo aquellas que siempre lo han tenido fácil en el terreno del amor— siguen sin aprender el valor de quedarse.

El perfil se repite con demasiada frecuencia,  el hombre eternamente guapo, el que nunca tuvo que esforzarse mucho para atraer mujeres, el que confunde deseo con amor y evita cualquier cosa que huela a profundidad emocional. Son los que vienen y van. Se asoman una o dos veces al año, buscando calor, compañía, comprensión... pero nunca se quedan. Y cuando se van, dejan la puerta entreabierta, como si el regreso estuviera garantizado.

Detrás de ese vaivén no hay misterio, hay miedo. Un miedo al compromiso tan profundo que ni los años ni las canas han logrado suavizar. ¿Pero qué sucede con quienes los esperan? ¿Qué pasa con quienes abren la puerta una y otra vez, esperando que esta vez sea diferente?

El problema con las personas que tienen miedo al compromiso es que terminan creando un daño sutil pero persistente en quienes los rodean. No lo hacen por maldad, pero sí por egoísmo emocional. Su necesidad de libertad los convierte en expertos escapistas, dejando a su paso corazones cansados y promesas sin cumplir.

Es común que estas personas, cuando ya no pueden sostener su propio juego, terminen quedándose con quien menos les exige o simplemente con quien está ahí cuando ya nadie más lo está. No porque hayan resuelto su miedo, sino porque ya no tienen fuerzas para seguir huyendo. En muchos casos, acaban con quien menos les confronta, con quien les resulta más fácil de manejar… no necesariamente con quien amaron más.

A los 50 años, una mujer o una mujer madura sin importar la edad ya no está para juegos de adolescentes. No es cuestión de amargura, sino de madurez. A esta edad, el amor no puede seguir siendo una promesa incumplida ni una espera eterna. Se trata de reciprocidad, de cuidado mutuo, de un deseo genuino de quedarse y construir.

Amar a alguien con miedo al compromiso es como tratar de llenar un vaso con grietas. No importa cuánto des, siempre se escapa. Y llega un punto donde seguir dando se convierte en un acto de descuido hacia uno mismo.

Este texto no busca condenar a quienes tienen miedo al compromiso, sino invitar a quienes los aman a abrir los ojos. El amor no es sacrificio unidireccional. No es espera infinita. No es refugio temporal. El amor, a esta altura de la vida, debe ser elección diaria. Y quien no sabe elegirte con certeza, no merece que sigas abriéndole la puerta.

Porque al final, el amor más importante es el que se tiene una misma. Y a veces, amarse también significa cerrar una puerta... para siempre.

PUEDES APOYAR ESTE CONTENIDO HACIENDO UN DONATIVO EN 

Puedes visitar mis canales de YouTube en

ladiosaquetehabita1

ladiosaquetehabita2

📕MIS LIBROS 

✨LA sabiduría del tarot y la biblia, un camino hacia la luz


✨Los tesoros perdidos de la humanidad


✨La Luz que lo inunda todo, el retorno al ser


✨ Poemas al Alba


✨Con cariño
ladiosaquetehabita ✨ 


Comentarios

Entradas populares