¿ PORQUÉ SEGUIMOS CAZANDO?

Una reflexión sobre la violencia que perpetuamos


El otro día, una escena inesperada me hizo frenar en una curva cerrada en la carretera: un perro de caza, con collar y mirada angustiada, irrumpía entre los coches. Tres vehículos tuvimos que frenar bruscamente para evitar una tragedia. El perro parecía herido, desorientado, y detrás de él se adivinaban las siluetas de cazadores preparando su jornada. Para ellos era solo un día más. Para mí, fue una sacudida que reavivó una pregunta incómoda: ¿por qué seguimos cazando en pleno siglo XXI?

Durante siglos, la caza fue una cuestión de supervivencia. El ser humano dependía de ella para alimentarse y subsistir. Pero hoy, en un mundo donde la mayoría tiene acceso a alimentos a través de mercados, supermercados o incluso servicios a domicilio, esa justificación ha desaparecido. Las neveras están llenas de carne empaquetada, controlada sanitariamente, etiquetada e incluso acompañada de sellos de bienestar animal (aunque estos también requieren un análisis crítico).

Entonces, si ya no cazamos por necesidad vital, ¿por qué lo seguimos haciendo?

La respuesta es inquietante: por entretenimiento, por tradición, por deporte.

 Lo que una vez fue una estrategia de supervivencia se ha transformado en una práctica recreativa donde la muerte de un ser sintiente se convierte en trofeo. Y no solo la muerte del animal cazado: también los perros utilizados en la caza suelen pagar un precio elevado, con heridas, abandono o maltrato. ¿Puede esto seguir considerándose cultura? ¿O es simplemente violencia legitimada por la costumbre?

Este cuestionamiento inevitablemente lleva a otro más amplio: el consumo de carne en general. La mayoría  consumimos animales criados en granjas industriales, donde la vida, la muerte y el sufrimiento están sistematizados. La distancia entre el plato y el animal ha permitido que muchas personas no se enfrenten a la realidad del sufrimiento que conlleva cada bocado. Pero si nos incomoda ver morir a un animal en el bosque, ¿por qué aceptamos sin pensar la muerte masiva e industrializada en los mataderos?

Sabemos, gracias a la ciencia, que los animales sienten dolor, miedo, apego. Que tienen sistemas nerviosos complejos, que sufren. Y, sin embargo, seguimos tratándolos como productos. Como si su vida solo tuviera valor en función de nuestro placer o conveniencia.


La tierra también sangry la caza es una manifestación explícita de un paradigma más profundo: la creencia de que los seres humanos estamos por encima de todo lo demás. Durante siglos hemos derramado sangre sobre la tierra —sangre de animales, de humanos, de bosques arrasados— sin detenernos a pensar en las consecuencias. Pero la tierra no olvida, y todo lo que le infligimos tarde o temprano vuelve a nosotros

Cada bala, cada trampa, cada ritual que llamamos “tradición” y que se construye sobre el sufrimiento de otro ser vivo, nos aleja un poco más de esa ética compasiva que el mundo de hoy nos exige con urgencia.

Tal vez aún no estemos listos, ni como individuos ni como sociedad, para dejar completamente de comer carne. Tal vez muchos no logren desvincularse del todo de ciertas costumbres heredadas. Pero sí podemos empezar a preguntarnos si queremos seguir siendo cómplices de prácticas que ya no tienen sentido en un mundo con alternativas. Si podemos dejar de llamar deporte a la muerte, tradición al sufrimiento, y cultura a la violencia.

Podemos abrir la puerta a otra relación con los animales: una relación basada en el respeto, en la coexistencia, en la empatía. Podemos imaginar un mundo donde ya no haga falta matar para celebrar, competir o alimentarnos. Un mundo donde no tengamos que frenar bruscamente para evitar atropellar a un perro que, en realidad, también está intentando huir de lo que nosotros llamamos “entretenimiento”.

Y si podemos imaginarlo, podemos empezar a construirlo.

Con cariño,
✨ Ladiosaquetehabita ✨


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