29 de agosto en Memoria del Martirio de San Juan Bautista
Hay fechas del calendario cristiano que no deberían pasar desapercibidas. El 29 de agosto es una de ellas. La Iglesia recuerda en este día el martirio de San Juan Bautista, el hombre que preparó el camino de Jesús y que terminó entregando su vida por defender la verdad.
Juan no murió en una batalla ni cayó defendiendo un territorio. Murió porque tuvo el valor de decirle a un poderoso aquello que nadie quería decirle: «No te es lícito».
Y quizá ahí se encuentra una de las preguntas más importantes que esta celebración puede hacernos hoy:
¿Qué estamos dispuestos a hacer cuando decir la verdad nos cuesta algo?
Juan Bautista: una voz que no se vendió
Juan Bautista fue el precursor de Jesús. Su misión consistió en preparar al pueblo para la llegada del Mesías. Su predicación llamaba a la conversión, a cambiar de vida y a volver el corazón hacia Dios.
Pero Juan no se limitó a hablar de una manera general sobre el bien y el mal. Cuando fue necesario, señaló también aquello que estaba mal en las personas que tenían poder.
El Evangelio de San Marcos cuenta que Herodes Antipas había tomado como mujer a Herodías, la esposa de su hermano, y que Juan le reprochaba públicamente aquella situación. Herodes terminó encarcelándolo.
Después ocurrió el conocido episodio de la fiesta de Herodes. Una promesa hecha impulsivamente, el deseo de quedar bien delante de los invitados y la presión de quienes rodeaban al gobernante terminaron llevando a una decisión terrible: Juan fue decapitado.
El relato evangélico es estremecedor porque muestra cómo una vida puede quedar condicionada por algo aparentemente pequeño: el miedo al qué dirán, el orgullo y el deseo de mantener una imagen delante de los demás.
Herodes sabía que Juan era un hombre justo y santo. Sin embargo, terminó cediendo.
Cuando escuchamos la palabra martirio, podemos pensar que se trata únicamente de aquellos que mueren por su fe. Y, ciertamente, Juan entregó literalmente su vida.
Pero existe también una enseñanza para quienes vivimos en circunstancias completamente diferentes.
San Juan Pablo II explicaba que, aunque no todos estamos llamados al sacrificio supremo, todos los cristianos estamos llamados a dar diariamente un testimonio coherente de aquello que creemos, incluso cuando hacerlo supone dificultades o sacrificios.
Eso cambia mucho la perspectiva.
El martirio de Juan no nos invita a buscar sufrimiento. Nos invita a no vender la conciencia.
No nos pide que seamos agresivos ni que vayamos por la vida condenando a los demás. Nos pide algo mucho más difícil: vivir de tal manera que nuestras palabras y nuestras acciones sean coherentes con la verdad que decimos creer.
¿Qué tiene que decir Juan Bautista al hombre de hoy?
Vivimos en una época en la que la verdad puede resultar incómoda.
A veces es más fácil callar. Es más cómodo decir:
"No quiero problemas."
"Que cada uno haga lo que quiera."
"Yo no me meto."
"Todos lo hacen."
"Si digo lo que pienso, voy a quedar mal."
Y, en muchas ocasiones, guardar silencio puede ser prudencia. No estamos llamados a convertirnos en personas que corrigen continuamente a los demás.
Pero también existe un silencio diferente: el silencio de quien sabe que algo está mal y, por miedo, comodidad o interés, decide no decir nada.
Ahí Juan Bautista tiene mucho que enseñarnos.
1. Tener el valor de decir la verdad
Juan no modificó su mensaje dependiendo de quién estuviera delante.
No predicaba la verdad a los pequeños y la adulación a los poderosos.
Tuvo el mismo criterio delante de la gente común que delante de Herodes.
Esta es una enseñanza muy actual.
En una sociedad donde muchas veces importa más la aprobación que la verdad, necesitamos recuperar la libertad interior para poder decir:
"Esto no está bien."
Pero decir la verdad no significa humillar.
La verdad cristiana nunca debería convertirse en una excusa para la crueldad, la soberbia o la condena del otro.
Juan fue firme, pero su firmeza tenía una finalidad: llamar a la conversión.
Por eso, la pregunta para nosotros no es solamente:
"¿Tengo valor para decir la verdad?"
También debemos preguntarnos:
"¿Sé decir la verdad con amor?"
2. No vivir esclavos del "qué dirán"
Quizá una de las grandes lecciones que podemos sacar de Herodes sea precisamente esta.
Herodes sabe que Juan es justo. Incluso lo escucha con interés. Pero cuando llega el momento decisivo, queda atrapado por la presión de los demás.
Había hecho una promesa delante de sus invitados y no quiso quedar mal.
Y terminó tomando una decisión que sabía que era injusta.
¿Cuántas decisiones de nuestra vida están condicionadas por algo parecido?
Compramos lo que no necesitamos para aparentar.
Decimos cosas que no pensamos para agradar.
Aceptamos comportamientos que sabemos que no son correctos porque todos los demás los aceptan.
Callamos ante una injusticia porque tenemos miedo de quedar aislados.
En las redes sociales, buscamos aprobación.
En el trabajo, podemos participar en pequeñas injusticias para no enfrentarnos al grupo.
Incluso en la familia podemos evitar conversaciones necesarias simplemente porque preferimos mantener una falsa tranquilidad.
Juan Bautista nos recuerda:
No siempre hacer lo correcto significa quedar bien.
3. Ser una voz y no solamente un espectador
Juan fue una voz.
No fue el protagonista de la historia: su misión era señalar a Otro.
Toda su vida apuntaba hacia Cristo.
De hecho, una de las características más hermosas de Juan es que no quiso ocupar el lugar de Jesús. Su misión era preparar el camino.
Esto también resulta profundamente actual.
Vivimos en una cultura que constantemente nos invita a convertirnos en protagonistas, a construir una imagen, a conseguir reconocimiento y a buscar que los demás nos miren.
Juan nos propone algo diferente:
No vivir para que nos miren a nosotros, sino para que nuestra vida señale hacia el bien, hacia la verdad y hacia Dios.
Eso puede hacerse sin grandes discursos.
Una persona honesta en su trabajo está dando testimonio.
Un padre o una madre que educa a sus hijos en la verdad está dando testimonio.
Un joven que se niega a seguir una conducta dañina simplemente porque "todos lo hacen" está dando testimonio.
Una persona que perdona cuando tendría motivos para vengarse está dando testimonio.
Un cristiano que ayuda al necesitado sin buscar reconocimiento está dando testimonio.
4. La verdad también tiene un precio
Una de las cosas que quizá hemos olvidado es que la verdad tiene un precio.
Ser fiel a unos principios puede costarnos amistades.
Puede costarnos oportunidades.
Puede hacernos quedar mal.
Puede provocar incomprensión.
Y, en determinados lugares y circunstancias, defender la fe o la dignidad humana puede llegar a tener consecuencias mucho más graves.
Juan Bautista pagó el precio máximo.
Pero su muerte no convirtió su vida en un fracaso.
Al contrario: la Iglesia lo recuerda como una lámpara que arde y resplandece, porque dio testimonio de la verdad tanto en su vida como en su muerte.
Aquí aparece una paradoja profundamente cristiana:
Doy fé que una vida puede parecer derrotada ante los ojos del mundo y, sin embargo, ser una vida victoriosa ante Dios.
5. ¿Cómo podemos vivir esto hoy?
Tal vez no nos encontremos delante de un Herodes.
Pero todos tenemos nuestros pequeños "Herodes": el miedo, la comodidad, el orgullo, el deseo de aprobación, el dinero, la imagen, el ego, la presión social.
Por eso, celebrar el martirio de Juan Bautista puede convertirse en una oportunidad para hacernos algunas preguntas:
¿Hay alguna verdad que estoy evitando porque me resulta incómoda?
¿Estoy callando ante algo que debería afrontar?
¿Estoy viviendo de acuerdo con lo que digo creer?
¿Cuántas decisiones tomo pensando más en lo que otros pensarán que en lo que es correcto?
¿Tengo el valor de reconocer mis propios errores?
¿Sé defender mis convicciones sin despreciar a quien piensa diferente?
¿Mi manera de vivir acerca a los demás a Dios o hace que se alejen de Él?
Estas preguntas son mucho más actuales de lo que parece.
Una sociedad que necesita testigos
Quizá nuestro tiempo no necesita solamente personas que hablen mucho de Dios.
Necesita personas que vivan de tal manera que sus vidas sean creíbles.
Necesita padres y madres que sean testigos.
Necesita jóvenes que no tengan miedo de vivir con valores.
Necesita trabajadores honestos.
Necesita políticos y responsables públicos que recuerden que el poder es un servicio y no una propiedad personal.
Necesita periodistas que amen la verdad más que el sensacionalismo.
Necesita cristianos capaces de defender la dignidad humana sin convertir al adversario en un enemigo.
Necesita personas que sepan decir "no" cuando todos dicen "sí".
Y también necesita personas capaces de decir "me equivoqué" cuando todos intentan justificar sus errores.
Ese puede ser nuestro pequeño martirio cotidiano: morir al ego, a la mentira, a la comodidad y al miedo para vivir en la verdad.
El mensaje de Juan no consiste en volver al pasado. Consiste en recordar algo que sigue siendo esencial:
la verdad no cambia porque cambie la época.
Cambian las tecnologías.
Cambian las costumbres.
Cambian las formas de comunicarnos.
Cambian las estructuras sociales.
Pero el ser humano continúa teniendo las mismas luchas interiores: orgullo, miedo, ambición, deseo de poder, necesidad de reconocimiento, dificultad para reconocer el error y tentación de justificar aquello que sabemos que no está bien.
Por eso Juan Bautista sigue siendo actual.
Su vida nos dice:
No tengas miedo de ser fiel.
No vendas tus principios para conseguir aprobación.
No confundas la tolerancia con aceptar cualquier cosa.
No confundas la firmeza con la falta de amor.
No busques ser protagonista: señala hacia Cristo.
Y, sobre todo:
cuando la verdad tenga un precio, recuerda que la verdad vale más que el precio que tengas que pagar.
Una oración para el 29 de agosto
En este día podemos pedirle a Dios algo muy sencillo:
"Señor, dame la valentía de Juan Bautista para vivir en la verdad; la humildad para reconocer mis propios errores; la prudencia para saber cuándo hablar; la caridad para hacerlo sin herir; y la fortaleza para no abandonar mis convicciones por miedo al rechazo.
Que mi vida no busque solamente ser aceptada por los hombres, sino ser fiel a Ti.
Y que, como Juan, pueda ser una pequeña luz que ayude a otros a encontrar el camino hacia Cristo.
Amén."
Para finalizar
El 29 de agosto no celebramos simplemente una muerte ocurrida hace casi dos mil años.
Celebramos el valor de una conciencia que no se dejó comprar.
Juan Bautista perdió la vida, pero no perdió la verdad.
Herodes conservó momentáneamente su posición y la aprobación de sus invitados, pero quedó atrapado por sus propias decisiones.
Y ahí está una de las grandes lecciones para nuestro tiempo:
No todo lo que parece una victoria lo es, y no todo lo que parece una derrota constituye un fracaso.
A veces, ganar significa permanecer fiel.
A veces, ser fuerte significa saber decir "no".
A veces, ser libre significa no necesitar la aprobación de todos.
Y a veces, ser cristiano significa tener el valor de hacer lo correcto incluso cuando hacerlo cuesta.
San Juan Bautista, testigo de la verdad, ruega por nosotros.
✨La Luz que lo inunda todo, el retorno al ser


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