¿En qué momento estamos viviendo?
Esta mañana como de costumbre he salido a pasear con mi compañero de cuatro patas, y me he encontrado con un cartel de Halloween. Estamos a 7 de octubre.
En los supermercados ya están los turrones. En las tiendas empiezan a aparecer los adornos de Navidad y algunas marcas ya anuncian sus calendarios de Adviento.
Ayer entré en un bazar porque necesitaba comprar un transportín para mi perro. Algo tan sencillo y cotidiano. Y al entrar me encontré con pasillos enteros de Halloween y, detrás, Navidad.
Y pensé: ¿en qué momento estamos viviendo? No es una cuestión de calendario. Es otra cosa.
Tengo la sensación de que vivimos siempre adelantados. Apenas hemos llegado a una fecha cuando ya nos están vendiendo la siguiente. Apenas empieza el otoño cuando ya estamos pensando en Halloween, Navidad, regalos, cenas, compras, ofertas...
Ya ni siquiera parece que vivamos las estaciones. Las consumimos.
Todo tiene que llegar antes. Todo tiene que anunciarse antes. Todo tiene que convertirse en una oportunidad para comprar, celebrar, regalar, decorar, estrenar o participar.
Y mientras tanto, el presente se nos escapa.
Quizá lo más extraño de todo es que hemos perdido algo tan sencillo como esperar.Esperar a que llegue diciembre. Esperar una fiesta. Esperar una estación. Esperar un momento especial.
Ahora el futuro se nos presenta con meses de antelación, perfectamente decorado y listo para ser consumido.
Y yo, sinceramente, a veces siento que no encajo en todo esto. No porque crea ser mejor que nadie. Ni porque piense que los demás no se dan cuenta. Simplemente porque cada vez me cuesta más entender esta forma de vivir en la que parece que siempre tenemos que estar pendientes de lo siguiente.
¿Y si pudiéramos dejar que octubre fuera octubre? ¿Y si un día pudiera ser simplemente un día? ¿Y si no necesitáramos convertir cada momento del año en una excusa para comprar algo?
Quizá simplemente necesitamos recuperar algo mucho más sencillo: nuestro propio ritmo.
Salir a caminar. Mirar el cielo. Notar el calor aunque el calendario diga otoño. Cuidar de un animal. Tomarnos un café, un Matcha, una infusión o lo que le apetezca a cada uno. Aburrirnos incluso. Y dejar que el tiempo pase sin sentir que tenemos que hacer algo con él.
Porque quizá vivir no consiste en llegar cuanto antes a la siguiente fecha del calendario. Quizá vivir consiste, precisamente, en estar donde estamos.
Aunque sea 7 de octubre.
Aunque todavía haga calor.
Aunque no haya nada que comprar.
Aunque el mundo ya esté en Navidad.
Yo, por mi parte, todavía estoy intentando vivir octubre.
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